viernes, 3 de julio de 2020

Crónicas de Midgard Volumen 1, Libro 1, Capítulo 2


Buenos días a todos! Gracias por su apoyo! He recibido muchos mensajes apoyando el proyecto, así que mil gracias. Nos leemos al final del capítulo, hete aquí:

Volumen 1 Libro 1.
Capitulo 2: ¡Una Liana y una Valquiria! ¡Enfrentamiento en la tumba de Mincar!
En la parte más lujosa del castillo de Miltran se estaba llevando a cabo una celebración. Una extraña y sobrenatural bruma roja se elevaba hacia el cielo como si fuera un brillante escudo carmesí .
La niebla formaba una barrera infranqueable hacia las puertas del castillo.
La lluvia caía copiosamente sobre ellos dos. La reina roja y Kait debían entrar a como dé lugar.
Estaban envueltos en sus capas de viaje negras y armados mágicamente. El problema radicaba en como pasarían aquella inquebrantable defensa.
Los informes acerca de los Minotauros estaban poniendo nerviosa a la gente de Syrup y esa niebla roja no daba tranquilidad justamente.
- ¿Qué hacemos ahora Reina?
-Como alquimista tengo una habilidad única, los polvos evanescentes. Nos van a permitir entrar en las mazmorras y rescatar a tu amigo.
La reina sacó unos polvos que esparció sobre ellos y dos segundos después estaban en las mazmorras.
- ¿Pueden hacer eso los alquimistas? -Dijo Kait mientras la Reina roja lanzaba los polvos sobre ellos dos y aparecían en el calabozo.
-Así es, mi maestra me lo enseñó, los polvos evanescentes fueron usados por primera vez en... ¿Me estás escuchando? –Kait no le prestaba atención, trataba de seguir los olores que provenían de los muertos. Entre ellos distinguió dos olores de dos vivos.
- ¡Se fueron por allá!
- ¿Fueron? –Inquirió la reina- ¿no era uno solo?
-Parece que alguien lo está ayudando –dijo Kait- ¿La pregunta es quién?
Caminaron por el laberintico complejo de mazmorras. El olor ocre a muerte era demasiado fuerte. Tuvieron que detenerse varias veces por las náuseas de Kait.
La reina roja caminaba como si explorara el lugar buscando algunas bayas secas.
-Parece que no es la primera vez que entras a un lugar así.
-¡Bah! Ni que fuera para tanto -Dijo la Reina- ¿Escuchaste?
-¿Qué cosa?
-¿No te parece extraño? Huele a muertos pero no hay nadie detrás de las rejas.
Kait entró en una celda que estaba abierta y se fijó. Obviamente la Reina tenía razón.
En la celda había olor a muerto pero no había ninguno de ellos. ¿Qué estaba pasando?
De repente un temblor lo sacó de sus cavilaciones. La reina entró en la celda y la cerró con unos polvos que llevaba en una bolsa de su cinturón.
-¡Silencio! –Le murmuró por lo bajo.
Kait aguardó con el corazón en la mano. Sentía que algo iba a pasar, algo terrible, y entonces como si alguien hubiese leído sus pensamientos, un ojo enorme apareció en la reja. Sabían muy bien lo que era: Una Liana.
Las Lianas son una especie de víboras gigante que vive en los pantanos, supuestamente, al oeste de Relien. Pero lo importante en aquel momento era ¿que hacia allí?
-Una Liana ciega. Ahora entiendo porque el olor a muerte sin cadáveres –dijo en un susurro la reina.
Sacó de entre su pelo platinado una aguja y la lanzó hacia fuera de la celda.
Mirando mejor, no era una aguja: ¡Era un pelo de su cabeza!
El pelo golpeó contra una roca lejana y la Liana se alejó en esa dirección. La reina cruzó sus dedos y abrió la reja, rezandon para que la Liana no los escuchase. Kait la siguió camino abajo. Las mazmorras parecían bajar, ¿Así que esta chica era la famosa reina roja? ¿Era de confiar? Mientras pensaba en esto llegaron a una sala grande.
-Vaya, Parece que he equivocado la salida.
-¿Qué es este lugar?
No hacía falta que ella se lo dijera. Era un Mausoleo. ¿Qué hacía un Mausoleo en aquella cripta sucia y polvorienta?
Las paredes estaban decoradas con nichos, los cuales seguramente tendrían un muerto dentro. Kait tenía miedo de que a la Liana se le ocurriera pasar por allí y así se lo explicó a la Reina, a lo cual ella negó.
-¿Ves estos círculos con distintas formas en el suelo? –Preguntó ella.
Era verdad, había círculos de prohibición en el suelo aunque parecían inactivos.
-No, despreocúpate, están activos, lo sé –Dijo ella como leyendo su mente.
¿Era su impresión o la reina roja había esquivado su mirada? Acaso...
-¿Cuál es tu relación con este lugar? –Preguntó decidido Kait. La Reina seguía examinando los círculos y triángulos del piso ocultando el rostro tras su mata de pelo platinado y largo.
-Estos dibujos ¿Qué tipo de alquimia son? Porqué si no estoy equivocado vos los tallaste, por eso te manejabas bien en las mazmorras. Incluso sabías como despistar a la Liana. ¿Cuál es tu ganancia en acompañarme? –Ella bajó su mirada- ¡Mírame cuando te hablo!
-Sí, es verdad –Dijo finalmente- cuando aún era pequeña y mostraba dotes para la alquimia mi madre me trajo a este castillo construido sobre la tumba de Mincar, clérigo de Nitsurg. Eso que ves en el medio es su tumba.
Kait observó fascinado la estructura. Era una bóveda grande cerrada y protegida por la estatua de una Valquiria.
-El rey de aquel momento me pidió que sellase un arma tan peligrosa como divina: La espada de la escarcha; y como soy una de las ultimas que sabe el código Valquiriano, en fin, es lo que he tratado de obtener.
Kait pensó un momento en todo lo que le revelaba aquella chica. No entendía mucho de alquimia y alquimistas pero de algo estaba seguro: esos sellos en el suelo eran una trampa para quien intentara abrir la bóveda que ocultaba a la espada.
-¿Por qué quieres la espada? –Se le ocurrió preguntar pero inmediatamente calló. Algo se movía impaciente en la entrada del mausoleo: La Liana los había seguido. Se quejaba en un lamento de dolor ya que los círculos no permitían su entrada.
Una niebla roja empezó a cubrir el suelo e inmediatamente se dieron cuenta de su error. La Liana no había huido, había ido a buscar a los Minotauros. Venían de las dos entradas. Su olor fétido y repugnante les estaba llenando los pulmones.
-¡Tenemos que huir! –Gritó Kait, pero la Reina estaba en trance. ¡Qué demonios!
Sacó una flecha y se la clavo a un hombre toro en el pecho provocandole una muerte instantanea.
Siguió disparando flechas a mansalva contra los Minotauros que caían uno tras otro.
En un rincón había uno de ellos vestido de Clérigo ¿qué hacía? Lo inquietaba sin dudas. No dejaba de rezar justo sobre uno de los círculos de transmutación.
¡¿Sobre un circulo de transmutación?!
¡Estaba desactivando el resto de los círculos! ¡Maldito clérigo!
Una flecha salió despedida de las manos de Kait y se incrusto en la frente del Clérigo traspasando su cerebro de lado a lado.
-¡Es tarde intrusos! ¡Ahora morirán!
La niebla roja cubrió todo. Se oyó el sonido del arco y la flecha y un entre chocar de espadas, además del grito mudo de la Liana.
La niebla y los sonidos fueron apagándose de a poco. Una silueta se perfiló contra la pared. Al cabo de unos segundos, y mientras la niebla se disipaba, el perfil de la reina roja fue apareciendo. Pero había alguien más. La imagen dejó mudo a Kait, aunque no así a la reina roja: La valquiria había bajado de su pedestal y los había ayudado. Kait no entendía nada hasta que la Reina roja se explicó.
-Mientras el Clérigo de los Minotauros desactivaba los círculos de transmutación yo usaba lo que él desactivaba poniéndolo en la estatua, de esa forma le di vida.
-¡Eres increíble!
-Por suerte para nosotros la activé a tiempo. La niebla roja no le afecta, y la Liana era pan comido.
Kait miró a su alrededor. La Liana se había empezado a evaporar, que es lo que hacen ellas cuando mueren, y los cadáveres de los Minotauros estaban bien muertos. Algunos con flechas otros a espadazos. ¿Pero que usaba la Reina roja de arma? Miró esas pequeñas manos y vio lo que en ellas había eran un par de Katar manchadas de sangre.
Las Katar son armas propias de ladrones y asesinos experimentados, incluso él mismo tenía una de esas en su casa, sus puntas afiladas lo están incluso después de cada muerte y absorben cualquier tipo de veneno que toquen.
Según lo que se decía, los enanos en las minas de Adberich fabricaban esas armas. Incluso se decía que los enanos que habían fabricado el Mjolnir, el martillo de Thor, aún seguían vivos.
La Reina roja se acercó al lugar donde había estado la Valquiria y trató de empujar la bóveda.
Kait observaba a la Valquiria. Había escuchado historias de las guardianas del Valhala, diosas de la eternidad, pero nunca había visto a ninguna de ellas. Su apariencia era hermosa e incorruptible.
Si aquella Valquiria hubiese sido humana tal vez hasta lo hubiera enamorado. Sin embargo, a pesar de su hermosura, era de una peligrosidad temible.
-¡Ey! ¡Ayúdame con esto quieres! –Le gritó la Reina roja- ¡Pesa mucho!
-¿Y dices que ahí dentro se encuentra la espada de la escarcha? No creo que sea tan fácil abrirla.
-No entiendo –Dijo ella dejando de esforzarse en vano- He roto todos los sellos del ataúd y no puedo abrirlo.
Kait limpio un poco el polvo de la tumba y leyó en voz alta:
"Para aquellos cuya codicia no abandonan la espada estará sellada. Solo la estela de..."
Paró de leer ya que el resto estaba ilegible.
-¿La estela de qué?
-No sé, no se llega a leer, parece erosionado por el tiempo.
Sin embargo, Kait había comprendido a que estela se refería: "Estela de dragón", Su cuchilla. Nunca había entendido desde que perdió la memoria porque tenía aquella arma. Nunca había pasado de ser una cuchilla muy afilada. Jamás había pasado de mostrar siquiera un síntoma de magia. ¿Podría ser que estuviera destinada a él?
Observó detenidamente a la Valquiria que se le había puesto detrás. Pensó por un momento que lo iba a atacar, pero, en cambio, lo corrió a un lado y con paso rápido se subió a la tumba de Mincar clérigo de Nitsurg. Si estela de dragón encajaba allí, ¿Cómo fue que alguien se la dejó? ¿Por qué no recordaba nada?
-Vaya, tenía información de que esto me podría resultar trabajoso, pero no tanto... ¿Por qué habrán borrado la continuación del texto?
Kait se decidió por fin.
-Toma.
-¿Qué es esto? ¿Un cuchillo?
-Lo encontré en mi casa cuando me desperté después de perder la memoria, es mi cuchilla preferida: "Estela de dragón".
La reina lo miró como sin creérselo. ¿Cómo pudo olvidar esa arma? ¡Era legendaria! ¿Acaso ese chico era parte de la leyenda?
La Reina lo miró disimulando un poco. Si era verdad que había perdido la memoria, sería mejor tomar la espada y salir de ahí cuanto antes. Pero se había comprometido a ayudar a Ishtar y ella era mujer de palara.
-Reina ¿Cuál es tu verdadero nombre? –Preguntó Kait.
-Te lo diré si sobrevivimos. Dame a Estela de Dragón -Pidió.
Kait le entregó el cuchillo y ella lo observó detenidamente. Parecía una simple cuchilla.
-Debemos rezar antes.
-Sí.
En silencio elevaron sus plegarias a la conciencia mágica, pidiendo por el bien, la justicia y que esta los cuide.
Al finalizar, La Reina y Kait pusieron sus manos juntas en la Estela y penetraron justo en una ranura debajo de donde estaban aquellas palabras. Una luz brillante los dejó ciegos durante unos segundos. Cuando volvieron a abrir los ojos la tumba estaba abierta, el esqueleto estaba allí, pero... ¿Y la espada?
La Valquiria los observaba atentamente. ¿La valquiria? ¡Por supuesto!
La Reina se acercó a la estatua que sostenía en sus manos aquella espada. Observó los cadáveres de los Minotauros. ¿Cómo una espada común podía haber hecho eso? Había al menos veinte Minotauros y ellos, contando a la estatua, eran tres.
La Reina tomó la mano que sostenía la espada y con un movimiento suave la retiró. La estatua sonrió y se volvió polvo: habían obtenido la espada de la escarcha.
La espada se descascaró y brilló con un tono frio y etéreo. Sin embargo, el mango calentaba. Primero fue tibio y luego subió sin control. Tuvo que soltar la espada y dejarla caer.
-¿Qué pasó? –Inquirió preocupado Kait- ¿Estás bien?
-¡Es la espada de la escarcha! –Explicó la Reina- ¡Me quemó la mano! ¡Me rechazó!
¡Kait! ¡Tómame! ¡Tómame! Hazme parte de tu alma.
Kait miró para todos lados. Fue como cuando obtuvo el arco. ¿Acaso aquella arma tambien le pertenecía?
Observó la espada tirada en el suelo y la tomó. Un halo brillante contorneo la espada. No quemaba ni nada parecido. Era como una versión más poderosa de Estela de dragón. Observó en el suelo, donde había estado el polvillo de la estatua, ahora había un cinto y una vaina. Los tomo y se los acomodó.
-¡Gracias Mincar!
La Reina lo observó asustada.
-¿Quién es este chico? –Pensó.
-Es mejor que encontremos a Ishtar, vamos.
La Reina se puso de pie.
-¡Espera! Dime una cosa antes de que sigamos. ¿Eres el hijo de Wikof? –Inquirió sin preámbulos la chica- Puedes tomar la espada de la escarcha de Mincar y el arco mágico de aquel viajero. ¿Quién eres?
-¿Wikof? -Kait pareció sopesar aquella palabra como si fuese de un lenguaje perdido, su rostro se ensombreció- No recuerdo nada de mi pasado, ningún Wikof estaba allí cuando yo lloraba -Le explicó- Cuando me despreciaban – Continuó y comenzó a caminar en sentido contrario al que habían venido- ¿Vienes?
La niebla roja cubría la sala. Ishtar y Gerard habían logrado colarse silenciosamente en la sala. Era el salón de armas. Allí estaban todas aquellas armas que el rey de Miltran les quitaba a sus víctimas, pero por alguna razón estaban protegidas en el fondo de la sala por Minotauros.
Ishtar, que confiaba plenamente en Gerard y su ojo interior, se dejaba guiar como si él fuera el ciego y el otro el perro lazarillo.
-Toma esto –Gerard le extendió algo y enseguida se dio cuenta de lo que era: un arma- A la cuenta de tres te paras y apuñalas.
-Lo siento, no se contar –Dijo en tono burlón.
-Uno, Dos... ¡Tres!
Ambos se pusieron de pie y apuñalaron a las bestias justo en la garganta. Los Minotauros murieron en el momento sin saber que los había golpeado.
La niebla desapareció sin dejar rastro dejándolos al descubierto. Cada vez que veía a uno de aquellos seres ser controlados por alguien la rabia se encendía dentro de Gerard. Se sentó en el medio de ambas víctimas y rezó por sus almas. Ishtar lo miraba sin hacer ningún tipo de comentario. Una vez terminado el ritual de las almas Gerard se puso en pie.
-Es hora de cazar al culpable de todo esto.
-¡Por fin estamos de acuerdo! –Dijo Ishtar en tono jovial- Seguramente el conde de Jiran debe estar enterado de esto y nos tenderá algún tipo de trampa.
-¿El conde de Jiran? No, esto es mucho más grande que ese conde de pacotilla, creo que se de quien se trata -Dijo Gerard misterioso- El ex Maestro de marionetas del puño de Odín: Yuz.
-¿Dices que un solo hombre pudo hacer todo esto? –Preguntó Ishtar, que no conocía al tal Yuz- ¿Y la niebla roja? ¿También es obra de él?
-No, los Minotauros ya de por si utilizan esto como arma, pero no atacan humanos. Si esto llega a saberse en el reino, una guerra comenzará ¡Y todo por culpa de Yuz! ¡Debí haberlo detenido cuando tuve la oportunidad!
-No soy quien para juzgar –dijo Ishtar y se encogió de hombros- Veamos que armas hay por aquí.
Se paseó por entre los cuchillos, de distintos tipos y tamaños, tomando algunos y guardándoselos en el revés de su capa de viaje.
Por último, tomo una ballesta muy parecida a la suya. Y no era lo único. Aquella joya que Kait había robado tambien estaba allí. En otras palabras, Kait había salido a buscarlo y había dejado su ballesta allí. ¿Pero cómo? No quería ni pensarlo. Ya no podría mantener aquel voto a su amigo.
-Tranquilo. Puedo sentir la energía de ese chico -Dijo una voz de niño- Están en algún lugar en la tumba de Mincar.
-¡Yuz! –Gritó Gerard que reconoció la voz al instante, había tomado un báculo Evanescente de entre las armas, quizás hubiese tomado otras armas, pero no las tenía a la vista- ¡Muéstrate!
Un niño apareció en la puerta. Llevaba una flauta en sus manos.
-¡Yuz!
-¿Acaso es un niño?
-No lo subestimes, el clan de Yuz –Los Maestros de las marionetas- han pertenecido desde siempre al puño de Odín, incluso antes del Ragnarok ya se los creía lideres innatos –Aseguró Gerard- ¡Su poder es temible!
-Me conoces bien, ¿eh? –Se burló Yuz- ¡No me conoces en absoluto! ¡Y ahora se arrepentirán!
-¡Cubre tus Oídos Ishtar!
Yuz se llevó la flauta a la boca y empezó a entonar una música bonita. A Ishtar le pareció de lo más agradable. Lo calmaba. Lo sosegaba. Era como aquellas drogas que usaba Kait para calmar los nervios antes de ir a dormir.
De pronto, todo se puso oscuro. ¿Qué pasaba allí? Ya no recordaba nada. Escuchaba un Grito de auxilio. Algo venía hacia él. ¿Un caballo? Él lo estaba esperando. Tenía que galopar y llegar pronto. ¿Qué era eso que se veía a la distancia? ¿Fuego? Ahí hay alguien, preguntaré. El hombre que estaba allí me dijo que hubo un sobreviviente de aquel incendio voraz en la ciudad y huyó con un bebé hacia la ciudad de Syrup. ¡Tal vez esté herido! ¡Debo encontrarlo! La lluvia no me deja ver. Allí está la ciudad. Es mejor que me apure. ¡Vaya! ¡Las puertas de la ciudad están cerradas! ¿Qué habrá pasado? Dejaré el caballo aquí, espero lo entiendas centurión. Saltaré la puerta, no veo ningún guardia. ¿Dónde estarán? Luego de caminar por la ciudad distinguí a un hombre herido y a su bebé. Están siendo perseguidos como viles ladrones. ¡No lo permitiré! Me metí en la disputa y le pregunté porque lo perseguían. Había perdido mucha sangre. "Proteja a mi hijo, dele de comer esto cuando cumpla los quince años" Y me dio una fruta algo extraña, parecida a una manzana. ¿Cómo es su nombre...? "WIKOF" me contestó y murió.
Corrí por la ciudad y llegué a un Ombú-Manzanero. Allí críe a quien le pusiera Kait de nombre y le enseñe miles de trampas y secretos. Le prohibí tocar aquella extraña fruta temiendo que fuera algo venenoso. ¡Pero que idiota! ¡Qué padre le daría algo venenoso a su hijo! Y a los quince años, con un dolor en el corazón, ¿Corazón? ¿Qué es esa punzada de dolor? Todo se aclaraba en mi mente. ¡La flauta de Yuz! Desperté y estaba echado en el suelo. Noté un sabor a metalico en mi boca. Era sangre. Quise moverme, pero alguien puso una mano sobre mí.
-No te muevas, ya lo derroté, pero sufriste una herida -era Gerard el que me hablaba- Es grave y no tengo forma de curarte. No acá y no puedo transportarte.
-Kait... búscalo... tráelo... el podrá -fue lo único que llegó a articular antes de caer desmayado por la pérdida de sangre.
En la fiesta había mucha gente disfrutando de la buena música y compañía mutua. Todos ellos parecían contentos. ¿Cómo no estarlo? Eran la «Clase alta» ¿Quién podría interferir en sus planes? ¿Un ladrón pobre? ¿Un clérigo abandonado a su suerte? ¿Una chica a la que consideraban una buena chica en la iglesia? ¿O Ishtar? Ese mercenario que casi mata al conde de Jiran una vez.
Solo había una persona en total desacuerdo con los planes de su padre. Ella es muy culta y buena, cosas que sus padres de Jiran odian. No la odian a ella sino a su forma de ser.
Sabía de todo un poco y su rostro era parecido al de una Valquiria joven, aunque a su parecer nunca habían sido vistas Valquirias envejecidas. Su nombre pasó a ser parte de la leyenda en el momento que cumplió dieciséis años de vida.
Aquel día se estaba celebrando su cumpleaños, era una fiesta con muchos invitados, pero ella prefería ignorarlos. Estaba, literalmente, aburrida de esa vida. Sus padres no entendían por qué: tenían dinero, tenían toda la fama que querían, incluso amaban a su hija. ¿Por qué no era feliz?
-Lucca –Así se llamaba la hija del conde de Jiran- ¿Me das el honor de esta pieza?
Quien le hablaba era su prometido Isnash, un joven de pelo negro y peinado ridículo. Aunque decían que era bueno en el arte de la esgrima, pero nunca nadie se había atrevido a contradecirlo.
Lucca vestía algo poco común en alguien de su alcurnia, pero era «normal» para todos aquellos seres repugnantes. Estaba vestida con un vestido color negro ajustado al cuerpo en la parte del busto y más suelto de las caderas. Calzaba unos zapatos de plataformas, que la hacían verse más alta, y su peinado eran dos coletas a los costados de su cabeza en el pelo negro. Inclusive sus labios y sus ojos (negros) estaban pintados de aquel color. Al verla de lejos cualquiera diría que era una sombra que se había escapado de una Valquiria, porque a pesar de todo aquello le quedaba tan bien que parecía ser así: Una Valquiria oscura y sentimental.
Isnash, en cambio, parecía todo lo contrario. Llevaba como peinado un copete negro abundante. Lucía unos brillantes zapatos de piel de cocodrilo e iba vestido con una armadura de gala.
Estaban en aquel momento en el atrio del rey. Cinco tronos. El rey y la reina de Miltran, El conde y la condesa de Jiran y su hija Lucca.
El rey, un hombre de expresión adusta y brava, le sonrió a Lucca. Por supuesto, Isnash era su hijo, su único hijo varón.
Lucca largó el libro que había estado leyendo y con mal carácter salió a la pista de baile del salón. Su padre y el rey se sonrieron.
El rey, el cual estaba vestido con un frac grueso pero elegante estaba contento con su hijo.
Isnash era un príncipe tímido, siempre había temido a las mujeres. Pero desde que Yuz lo había manipulado como una marioneta se sentía mucho mejor. Yuz y él eran como sangre y uña. En una ocasión, hacía un tiempo, Yuz le había enseñado a usar la flauta. La melodía era tan encantadora como el cantar de los pájaros en primavera. Le hacía acordar al césped tibio bajo los grandes árboles de su mundo.
Sin embargo, Yuz, el Maestro de las marionetas, no estaba en la fiesta. ¿Qué le habría pasado?
Lucca sintió como que Isnash no estaba allí, con ella, no en aquel momento. Observó a su padre hablando con el rey.
¡Hipócrita! Lo maldijo por lo bajo. ¿Qué esperaban de ella? Era apenas una niña. Esa noche cumpliría dieciséis años. ¿Esperaban que se casara, así como así? ¡Ilógico! Pero la ley en Midgard era que las jóvenes aspirantes a condesas, o cualquier otro título de terrateniente, se casasen con el joven más guapo. Por supuesto Isnash no era de ellos.
De pronto la música terminó. Los caballeros y las damas se saludaron respetuosamente.
Isnash le extendió una mano a Lucca y subió hacia donde estaban sus padres. Muy pronto se haría el anuncio de quien fuera su esposo mediante aquel matrimonio arreglado.
Isnash miró a la joven que estaba a su lado. Lucca no solo parecía una Valquiria, sino que hasta se parecía a las antiguas estatuas que había de Freya.
Freya era una de las diosas Vanir protectoras del templo donde iban las almas de los muertos: el Valhala; sin embargo, sus ropas negras, al igual que el maquillaje de su rostro, eran parte de su personalidad fuerte y decidida.
El rey se levantó de su asiento y todos hicieron silencio. Los dos jóvenes permanecieron de pie.
-En una hora se llevara a cabo la bendición para el matrimonio de estos jóvenes. Cuando Mani (La luna) esté en su apogeo, estos dos jóvenes serán mi más grande orgullo. Eso es todo lo que quería decir. ¡Que siga el baile!
La música comenzó a sonar. Todos volvieron a la pista de baile.
La música sonaba primero lenta y después tranquila. Tanto que llenaba el castillo con una armonía increíble.
Pero Isnash y Lucca no volvieron a la pista. Isnash necesitaba hablar con su prometida. La tomó de la mano y la llevó al balcón real. Primero se hizo el silencio mientras miraba el horizonte. La lluvia seguía cayendo, pero no se iban a mojar porque había un toldo enorme sobre ellos que detenía el flujo de agua sobre sus cabezas.
Lucca se preguntó fastidiada por qué la habría llevado allí. Dentro de una hora sería su esposa y eso no podía impedírselo. No iba a contradecir a su padre. No era que les tuviese miedo, pero eran quienes la habían criado he incluso dado la vida.
Y entonces paso algo que no esperaba. De hecho, nadie lo esperaba.
-¡Vete! –Dijo Isnash en voz baja, Lucca se quedó paralizada- ¡No conoces lo que viene! Serán tiempos oscuros –Siguió él mientras observaba la lluvia caer copiosamente sobre el suelo debajo de ellos.
No se atrevía a darse vuelta. Si la miraba ella no iba a entender. Espero unos minutos hasta que ella habló.
-¿Por qué Isnash?
-¡Porque te amo demasiado como para obligarte a estar conmigo! Y lo que se aproxima...
Hizo silencio. Escuchó las pisadas alejándose y se dio la vuelta. Sus lágrimas rodeaban su rostro. Se las enjugó en su manga y decidió volver sobre sus pasos sabiendo lo que se aproximaba.
¡Por su princesa, su vida! «Errante, te la confío»

¿Leyeron? ¿Les gustó? Espero que sí. En fin, Cuestión, el personaje que hoy nos evoca es Ishtar el mercenario. Tiene una obsesión por matar al conde de Jiran, y es el padre titular de Kait.
Bien, ¿pero como nació el personaje? un buen día estaba charlando (Platicando) con mi tío, un tipo muy instruido en materia de D&D, y me contó sobre su personaje en ese juego. Un mercenario errante que buscaba venganza. Se me ocurrió pensar el asunto, ¿Quedaba bien el personaje con la propia historia? La respuesta es sí. Es un personaje al que le tengo mucho aprecio. Entonces pensé en el diseño. ¿Cómo se veía en mi mente? 
Recuerdo, en ese momento, estar viendo "Harry Potter y el prisionero de Azkabán" (Derechos reservados a la autora) y la actuación impecable de Gary Oldman como Sirius Black (Derechos reservados a la autora) Pensé: "Es justo la forma en la que veo a Ishtar. Demacrado, consumido por la venganza y algo irónico". Finalmente me decanté por esa imagen. Ishtar no es muy diferente de Sirius Black, en su diseño, pero sí en su escencia. A través de la historia se va desarrollando mucho mejor, incluso un lado desconocido del personaje, su ego y su proyección de venganza. No os voy a revelar mucho, pero es un personaje importante,
Por otro lado, otro elemento que aparece nombrado es "El mate" y "La Yerba", ambos elementos propios de mi patria y algunos lugares más como Uruguay, Paraguay, Chile y el sur de Brasil, entre otros. Explico para el que no conoce: El mate es un cuenco, generalmente de madera (Aunque hay de otros tipos), donde se vierte la Yerba, una hierba que da el sabor amargo (en principo) al Mate. Mate tambien se la conoce asi a la infusión. 
Al mate, una vez preparado, se le agrega agua caliente, no hirviendo ni hervida, y anterior a eso se lo endulza (si se quiere) con azúcares, edulcorantes, miel o amargo. Por supuesto existen variaciones, como el mate de leche, qu en vez de agua caliente lleva leche hervida. Incluso algunos le suelen poner café, tilo, boldo, manzanilla, cáscaras de naranja o limón secas y muchas variaciones más. 
La frase "Pasáme un amargo", la van a ver mucho en mi libro, especialmente en el volumen 2, y se refiere a compartir el mate. 
El mate se puede tomar solo o acompañado. Se va pasando en ronda generalmente. Y algo importante, nunca decir gracias al pasar el mate. La palabra genera automáticamente la idea de que ya queres salir de la ronda. Por más que hayas tomado solo uno.
El mate cocido, es una variación del mate, como si fuera un té. Se toma y endulza como un té. Incluso se lo puede mezclar con leche, como el té. Acá en Argentina viene en saquitos individuales. Lo ponés en la taza, agua hirviendo, endulzante y listo. Como el té. 
Por supuesto, la variación del libro no es nórdica y ni se acerca. Capaz los nórdicos tomaban mate, no lo sé, pero me gustó el toque familiar que le dio a la historia.
Con eso terminamos por hoy, espero hayan disfrutado esto y nos vemos en otra entrega el... 10/7/2020. 
Dejo mis redes nuevamente, pueden seguirme, putearme o darme su opinion: 
Un abrazo y nos leemos en proximas entregas.


viernes, 26 de junio de 2020

Crónicas de Midgard volumen 1 Libro 1 capítulo 1


Volumen 1
Libro I
Capítulo 1: Entra Kait, el ladrón de Midgard
-¡No me atraparan vivo! –Gritó el joven mientras corría con la joya en las manos y lanzaba un líquido al suelo.
El hombre que lo perseguía era gordo y su cara estaba rematada con un Mostacho tan grande como su estómago.
Luego de correr por un pasillo muy angosto y aprovechando su cuerpo esbelto y ágil, salto a uno de los árboles que él conocía bien ya que era su casa.
Kait era un ladrón con amplia experiencia en robo de joyas y otras similitudes. A veces robaba por gusto, otras por pedido. Kait tenía tan solo dieciseis años, una edad joven para ser ladrón dirían algunos, pero no es tan así.
Kait robaba pero tenía una razón: Nadie lo quería. Él no sabía por qué. Había sido así durante toda su vida, o lo poco que tenía de vida. Sus dieciséis años habían sido duros.
No conocía a sus padres.
Un mercenario de nombre Ishtar lo había criado desde que tenía memoria, que no es decir mucho.
Hacía un año, según Ishtar, Kait se había caído del árbol Ombú-Manzanero y perdió la memoria.
Ishtar siempre le recordaba que aquella cicatriz en la cabeza era por la caída.
Kait tomó una manzana de su árbol-casa y la masticó saboreando su dulce sabor.
Entró a su casa dejando la puerta abierta, ya que hacía calor, y puso el botín robado junto a los otros.
Realmente no le daba valor a lo que robaba, solo lo hacía por capricho.
En un anuncio oficial, el rey había anunciado que se exponía para que todos la pudieran ver la joya favorita de Freya.
Aquella joya según los textos antiguos era fuente de poder para los dioses. ¡Ja! ¿De qué les sirvió? ¡Murieron todos! Incluyendo el principal causante del Ragnarok: Loki.
Según las leyendas, Loki y sus hijos atacaron el Valhala, la morada de los dioses, con el fin de destruir a Odín, su padre.
Al parecer su hijo favorito era Thor, el dios de los truenos y las tormentas, que dicho sea de paso, también murió.
En aquel momento, y a decir verdad, dudó de la veracidad de esta historia. ¿Cómo puede morir un Dios? ¿Acaso no son inmortales?
El sol calentaba de una manera insoportable la casa. Ésta estaba hecha de madera balsa y una mezcla extraña de arena, un polvo llamado «Cal», y por supuesto agua.
Salió al umbral de la puerta y observó el cielo. Otro día aburrido. Había logrado el robo que menos le preocupaba. Tenía otro robo dentro de unos días. ¿Podría descansar? Decidió que sí, así que se tiró en su jergón de paja que era donde dormía. En pocos segundos comenzó a soñar y no fue bueno. Los sueños de Kait siempre terminaban cumpliéndose.
Habían pasado unos minutos, o tal vez días, cuando Kait despertó. Le dolía la cabeza. ¿Había soñado? Bah, que importaba, quien iba a saber de sus sueños. Una lágrima rodó por su mejilla.
-¿Una lágrima? –Se dijo a si mismo- ¿Puede ser tan malo?
Eso era en verdad muy malo. ¡Tenía que recordar el sueño! Hizo todo lo posible pero no pudo lograrlo. Decidió que lo mejor que podía hacer era dar una vuelta a la ciudad para ver que estuviera todo bien.
Un hombre alto y fornido de ropaje oscuro caminaba por el valle anterior a las compuertas de la ciudad a la cual había elegido: Syrup. Todo estaba en sus planes. Su tiempo de venganza había llegado. Pero antes pasaría a ver a alguien.
En el centro de la ciudad crece un árbol, un Ombú manzanero, y sobre su rama central hay una casa. Su hijo, Kait, vivía allí. Era un ladrón. El ladrón más buscado de Syrup. ¿Cómo nadie se había avispado que vivía en el centro mismo de la ciudad? Era un misterio.
Camino costeando la entrada principal. Sería mejor no llamar mucho la atención.
Kait miraba por una de sus ventanas mientras jugaba con la joya que había robado antes. Parecía que en el castillo estaban celebrando algo. ¿Qué sería?
Escuchó un ruido detrás de él. Como si alguien estuviera trepando su árbol. Y así era. Al mirar hacia abajo vio subir a un extraño que parecía conocer las trampas del árbol.
¿Huir o quedarse a dar batalla? Kait sacó su cuchillo, su arma preferida: «Estela de dragón» y se escondió en las sombras.
El extraño se paró en el quicio de la puerta, allí donde la luna no alumbraba ni permitía a Kait ver su rostro.
Era alto y su cuerpo estaba contorneado de una forma musculosa, como si los trabajara a menudo, Kait preparó a estela de dragón y se preparó para el ataque.
El extraño se acercó hacia la joya que estaba tirada en el suelo, se agachó y la levantó.
-¿Otra vez robando Kait? –Dijo el hombre sin mirar a nadie en particular- ¿Qué planeas hacer con tantas joyas? –Y arrojó la que tenía en la mano con el resto de joyas que estaban en el cuarto.
Kait, que hasta el momento había tenido su cuchillo listo, lo bajó.
-¿Ishtar?
-Ajá, veo que aún escondes todas esas trampas en el árbol.
El rostro de aquel sujeto era como el rostro de alguien que pasa muchos sufrimientos. Demacrado casi al término de la locura.
Sus ojos negros como escarabajos pequeños y brillantes no mostraban ninguna emoción. Ni alegría, ni tristeza, solo sufrimiento. Si podríamos llamar a eso sentimiento, era lo único que demostraba.
Kait salió de las sombras e Ishtar lo vio.
Kait era rubio, flaco y con una cicatriz en la frente. Tenía una forma alargada y cruzaba su frente de punta a punta. Para contrarrestar esto, llevaba un pañuelo azul liso sobre su cabeza. La gente prefería fijarse en el pañuelo antes que en la cicatriz. Sus ojos azules hacían juego con aquel pañuelo.
Ishtar tomó asiento, dejando una enorme ballesta sobre la mesa.
-¿No me vas a ofrecer una taza de esa infusión que preparabas hace algún tiempo?
-¿Té? No me quedan ya hojas, ¿puedo ofrecerte otra cosa?
Kait guardó a Estela de Dragón en su cinto.
-En realidad vine por un trabajo así que no estaré mucho tiempo en la ciudad –Le dijo mientras le servía una taza de otra infusión llamada "mate cocido"- He venido temprano para llegar a mi trabajo a tiempo.
Ishtar no hablaba nunca de sus trabajos así que Kait no preguntó siquiera. Pero sí le carcomía la duda. Ishtar la última vez que había estado allí llevaba una espada larga y curva.
Ahora lo que llevaba era... ¿Una ballesta? Se preguntaba a quién tendría que matar.
-Toma –Le dijo Kait- se llama mate cocido, es una nueva infusión que he inventado.
Ishtar lo acercó a su nariz.
-Mmm, Huele bien -tomo un sorbo caliente- ¡Impresionante! Tienes muy buen gusto para las hierbas.
Kait no sabía si aquello era una sonrisa o «algo parecido» nunca había hecho ese tipo de mueca en su rostro. ¡Jamás!
En silencio, Kait espero que Ishtar terminara su infusión.
-Vine a pedirte un favor Kait –Dijo al final el mercenario.
-¿Un favor?
-Tengo un trabajo en esta ciudad y necesito un veneno potente. Yo sé que tenés una gran colección de venenos. Necesito el más potente que tengas.
¿Una misión? ¿En Syrup? ¿Qué sería?
Kait lo pensó unos minutos. Quizá aquel veneno que había inventado: "Cianuro". Quizás funcionara en humanos. Era potente en verdad. Bueno, podría darle un poco.
-¿Cuánto necesitas? O mejor dicho, ¿A cuántos hombres vas a matar?
-Solo a dos, el conde y la condesa de Jiran.
Kait casi se tropieza y cae al suelo al escuchar esos nombres.
-¿Al conde Máximum y a la condesa Alicia de Jiran? ¿Es una broma verdad? –Gritó Kait- ¡Sabes lo que ellos son!
-Sí, lo sé, y justamente por eso es que tengo que eliminarlos.
Se decía en los barrios bajos que el conde Máximum y la condesa Alicia de la ciudad de Jiran eran dos de los peores asesinos de Midgard. Se decía en las calles de Syrup que habían matado a un príncipe por encargo para ascender al poder.
Kait miro la ballesta y luego a Ishtar que no dejaba de beber su Mate cocido.
-¿Puedes ayudarme Kait con ese veneno? –Preguntó Ishtar.
Kait se lo pensó. Nunca había tomado trabajo de sicario antes. Por eso realizó una petición.
-¿Quiero ir contigo?
Ishtar se lo pensó. Había tenido malas experiencias con sus ayudantes, pero este era Kait, era distinto, él lo había criado.
-Tengo que meditarlo. Daré una vuelta por la ciudad, ¿Quieres dar una vuelta conmigo?
-¡Ja! Si bajo de este árbol la gente me mataría. Sobrevivo gracias a las trampas que llevo puestas en él.
-Bien, entonces lo haré solo.
Un repiqueteo se escuchó en el techo. Parecía que estaba a punto de llover. Ishtar asomó la cabeza y le dirigió una sonrisa cómplice a Kait.
-Parece que va a llover –Ishtar se echó la capucha por sobre la cabeza y se envolvió en su capa de viaje negra para luego saltar del árbol sin activar ninguna de las miles de trampas que tenía el Ombú-Manzanero.
Kait esperó echado en su jergón de paja mientras pensaba. ¿Por qué los querría matar? ¿Por qué se lo contaba a él? Él, Kait, siempre deseó tener la suerte de Ishtar. Era bueno en combate cuerpo a cuerpo y con cualquier arma que se le diera.
En un descuido, Kait se quedó dormido, y soñó nuevamente. ¿Pero cuál era ese sueño? Esta vez lo recordó al despertar. Estaba corriendo por un pasillo. Había unos calabozos oscuros y muy sucios. Ishtar, herido, iba con él. Faltaba poco para encontrar la salida.
-¡No te rindas Ishtar! ¡No te rindas por favor!
-Debo decirte algo... ¡Cogh! –Escupió sangre- Se dónde está tu padre...
-No me interesa, no digas más, solo aguanta. Escaparemos de estas celdas te lo prometo.
-Escúchame Kait, tu padre...
Un rayo sonó en la distancia y Kait despertó. Su amigo aún no había regresado del paseo. La ballesta permanecía negra e impertérrita sobre la mesa. ¿Qué había significado ese sueño?
Kait se asomó a su árbol casa y miró al suelo. ¿Quizás su amigo se hubiese metido en problemas? No, ya se hubiese enterado. Esperó y notó que no venía. Además, la lluvia que se había largado y el frío que comenzó de repente como un viento asesino hacía imposible que viera algo más allá de sus narices.
Agarró su capa de viaje. Tenía un mal presentimiento de aquello. Abrió su mueble, donde guardaba los venenos. No podía llevarse la ballesta, no le pertenecía. Tomo el Cianuro, aquel extraordinario veneno, y lo unto en la saeta que estaba sobre la mesa y en el resto del Carcaj. Si Ishtar volvía y no le veía ya tenía el veneno. Que fuera lo que Nitsurg quisiera.
Ishtar, empapado por la lluvia que caía copiosamente sobre Syrup, encendió un cigarrillo en la puerta de la taberna conocida como «puñal».
Allí, en aquella taberna, solían juntarse las escorias más bajas de Midgard.
Gente que buscaba trabajos que otros no quisieran, por ejemplo.
Él esperaba a alguien allí.
Dió una pitada larga a su cigarro de uva y lo tiró al suelo. Escuchó un ruido metálico en la distancia. ¿Qué podría ser? Se escondió al costado del bar, donde las sombras lo protegían y esperó.
El ruido metálico se acercaba más y más pero él estaba tranquilo. No podrían atraparlo aunque quisiesen.
De pronto lo vió y quedó sorprendido. Una redada. Los minotauros rodeaban el lugar. ¿Qué significaba todo aquello?
Vestían un uniforme azul con cascos con cuernos y esas cosas decorativas. El más pequeño de todos ellos iba a la cabeza y llevaba un estandarte que no se llegaba a leer.
Cuando llegaron junto a él pudo leerlo al fin: «Muerte a los asesinos».
¿Qué pretendían? Ishtar permaneció en la oscuridad mientras el ejército se materializaba.
Buscó su ballesta, solo por si acaso la llegara a necesitar, y recordó que la había dejado en el ombú-manzanero de Kait.
Maldijo por lo bajo.
Se escondió un poco más en la oscuridad, donde la luna no llegaba a alumbrarlo, y esperó en silencio.
No movió un musculo mientras escuchaba a los soldados del rey arrestar a los buhoneros y otras carroñas de la sociedad.Escuchó gritos. Gritos de mujeres.
Un recuerdo vino a su mente.
¡Aquel miserable de Máximum se aprovechaba de las mujeres indefensas que se ganaban la vida vendiendo lo que encontraban, o dejaban, los muertos en Thorfield!
Había quedado un solo soldado en la retaguardia con el estandarte. Ishtar salió de su escondite y se cargó con una furia asesina al portador del estandarte.
Después de matarlo, lo llevó a la oscuridad, allí nadie lo vería, y se vistió con él uniforme del soldado.
Por suerte para él era de su misma complexión física.
Escondió el cadáver entre los desechos y fue a apostarse en la puerta.
-¡Dominique! –Gritó uno de los soldados desde adentro- ¡Agárrala!
Ishtar miraba asombrado. Una chica de apenas trece años saltaba de mesa en mesa acuchillando a los soldados. Era habilidosa para ser una niña. Saltaba de acá para allá mientras los minotauros trataban de atraparla.
Ishtar, como portador del estandarte ahora, no podía meterse o de seguro lo matarían. Por lo menos ya sabía por qué no se habían dado cuenta de que faltaba «El estandarte». Se dijo a sí mismo que tenía que hacer algo. Saco una de sus pequeñas navajas, filosas como la famosa espada "Tormenta de acero" que portaran los Einherjer durante el Ragnarok, y la lanzó sin moverse de su lugar, y con una puntería admirable, a algunos de los Minotauros de Máximum mientras la joven avanzaba hacia la salida.
A Ishtar le carcomía la duda. ¿Quién sería aquella chica tan habilidosa?
Los soldados vivos la rodearon y ella hizo algo que nadie esperaba: Uso polvos de alquimista.
Para entender esto es necesario comprender qué es la Alquimia.
Es la ciencia que permité usar un elemento, o varios, para convertir un material en otro, por ejemplo: plomo en oro, cobre en acero o, lo más extraño, partes de animales en armaduras indestructibles, justo como las que llevaban los minotauros. Por eso, un alquimista famoso creó los polvos que le permiten a uno desaparecerse y aparecer en otro lugar. Y eso fue lo que hizo esa chica.
Esa noche mataron a unos cuantos buhoneros y prostitutas que estaban tratando de ganarse la vida, no digamos decentemente porque mentiríamos, pero si se podría decir que se ganaban la vida de la forma que más les parecía.
-¡Dominique! -Gritó un Minotauro ¿Con escamas azules? ¿Serían armaduras alquimicas? Lo miraba a Ishtar, así que ese debía ser el nombre del portador que descansaba en el basurero.
El soldado que lo había llamado tenía cara de ogro y sus ojos negros brillaban como dos manzanas podridas y percutidas por el tiempo.
-¡Recoge sus almas Dominique! –Dijo quien parecía ser su jefe, el cual después de decir aquello salió de la estancia dejándolo con todos los muertos. ¿Recoger sus almas? ¿Qué pretendían hacer con ellas?
Ishtar sacó una bolsa de su bolsillo y la abrió. Los muertos, que eran los únicos que habían quedado allí comenzaron a brillar y a desaparecer. ¿Polvos de Alquimista? No, aquello era algo mayor a lo que podía imaginarse Ishtar.
Los cadáveres se convertían en pequeñas luces azules, como si fueran velas encendidas a punto de derretirse, y entraban en la bolsa.
-¡Dominique! –Ishtar se dio vuelta sabiendo que ese ahora era su nombre. El casco azul alquimico le cubría el cuerpo y especialmente la cara. Su pelo largo negro era lo único que lo podía delatar ya que asomaba entre la unión del casco y la pechera.
Ishtar se dirigió al más grandote y de aspecto fiero.
-Aquí están las almas.
-¡Bien! –Rugió- Guárdalas para el conde de Jiran.
Así que eran para el conde de Jiran. Su suerte empezaba a cambiar y, si el grandote no veía la diferencia entre Dominique e Ishtar, su trabajo iba a ser más fructífero.
-Volvamos al castillo Dominique. ¡Soldados! –Todos se enderezaron- ¡Al castillo!
Ishtar iba en la dirección del castillo llevando el estandarte. Su contacto probablemente se hubiese marchado al ver el revuelo.
A decir verdad no conocía a su contacto, solo que le decían "Reina roja". ¿Estaría entre las almas que llevaba en su cintura? Solo esperaba que ella estuviera viva. ¿Y si? no, era imposible. ¿La alquimista? ¿Podría ser?
-¿Qué esperas Dominique?
La voz del grandulón lo sacó de sus pensamientos.
-Debes hacer el ritual de almas para el señor de Jiran, ¿Lo has olvidado?
-¿Cómo olvidarlo? –Le dijo Ishtar y se preparó para el combate, no tenía forma alguna de saber el ritual.
Todavía tenía una oportunidad de arruinarle la fiesta al conde Máximum. Calculo cuantos soldados había allí y preparó su magia.
Ishtar, además de Mercenario-Sicario, había aprendido magia de uno de los mejores magos de la historia de Midgard: Josué.
Contó rápidamente la cantidad de enemigos. Veintidós hombres. Imaginó la escena en su mente. Hacia aparecer una lluvia de cuchillas y todos ellos morían.
-¿Qué pasa Dominique?
La lluvia había cesado y una extraña niebla se había levantado de pronto. Era roja y olía a sangre. Ishtar miró hacia abajo y vio para su asombro que el gigantón le había clavado una de sus cuchillas en el costado Izquierdo.
-No eres Dominique, él sabría que no existe tal ritual.
El grandulón le arrebato la bolsa e Ishtar cayó desplomado y herido en el frío piso de la ciudadela.
Kait, vestido con su capa de viaje, se dirigió a la taberna "Puñal", seguramente alguien hubiese visto a su amigo. Subió por el camino ascendente hacia la carretera escondiéndose en la oscuridad de las casas. Pasó cerca de donde había sido su último robo y no vió a nadie.
Olisqueó el aire. Una niebla, roja y con olor a sangre, provenía de los suburbios donde estaba «Puñal».
Al llegar al sitio poco pudo prever lo que había sucedido. La neblina roja y el olor a muerte no dejaban de seguirlo. Era como si las personas a las que él le había dado muerte estuvieran allí, acechándolo, pidiendo venganza.
La niebla ahora cubría toda su visión. No dejaba ver a más de tres pasos. De repente y sin previo aviso una criatura de lo más extraña apareció. Llevaba cuernos y una armadura alquimica.
La criatura se valía de la neblina para esconderse. Se retraía hacía ella y esperaba en silencio a que su enemigo le diera la espalda. ¿Qué pretendía? ¿Por qué lo atacaba? Y así lo inquirió mirando fijo a la niebla.
-Tu maldad es pura, tu vida no es digna. ¡Soy el Cazador de escorias de Lord Máximum! Ahora ven, encuéntrame y dame caza. ¿O prefieres que vaya yo?
Una risa psicótica se escuchó entre la niebla.
Acto seguido y con el fin de resistir antes de morir a manos de un conde, o su vasallo, que ni conocía, saco de entre sus armas a "Estela de Dragón". El brillo de la daga hizo que la niebla se esparciera hacía distintos puntos. Dejando al descubierto al monstruo que lo miraba sin creérselo.
En un impulso de ferocidad, el Minotauro, se lanzó con los cuernos hacía adelante. La cuchilla, filosa como una espada, atravesó la coraza de la cabeza y se hundió profundamente en su cerebro.
Lentamente la niebla comenzó a disiparse y Kait confirmó que se trataba de un Minotauro. ¿Por qué lo había atacado? ¡Se supone que son tranquilos!
El toro abrió los ojos, como si saliera de un trance. ¿Qué pasó? Fue lo primero que dijo y también lo último, pues allí murió. Q.E.P.D
Ishtar despertó en una especie de calabozo. No sabía dónde estaba ni que hacía ahí. Trato de pararse y se dio cuenta que tenía una herida en el costado izquierdo de su estómago. ¡Ja! Eso no era nada, se curaría en unos instantes gracias a su magia. Un viejo amigo le había enseñado a usar ese tipo de magias.
Puso la mano en su cintura y notó el brillo de la magia haciendo efecto. Sentía calor en contraste con el frio del lugar. Luego de unos instantes, logró ponerse en pie. Si lo descubrían estaba muerto. Debía huir, donde sea que estuviese.
Se acercó a la reja. Estaba cerrada. ¿Lógico no? Así que estaba prisionero. Bien, eso era un desafío. Tomó carrera y empujó la puerta pero solo consiguió salir despedido hacia atrás.
Se sorprendió mucho al ver a alguien en la punta opuesta de la celda. Parecía...
Se acercó lentamente. El tipo estaba cubierto con una capa de viaje y tenía los ojos cerrados.
Con mucho cuidado Ishtar trató de despertarlo.
-¿Qué quieres? –Dijo el tipo sin mover un musculo de su cara.
-¿Eres un clérigo verdad? ¡Un clérigo de la conciencia!
-Sí, así es, aunque he cometido un pecado, del cual no hablaré contigo, y me han encerrado aquí por ello.
¿Estaba hablando sin mover la boca y sus ojos?
-Disculpa si no te miro o muevo la boca, hablo atraves de la conciencia.
Bueno, por lo menos era educado el Clérigo.
-¿Dónde estamos?
-Castillo de Miltran, en Syrup.
-¿Miltran has dicho? No, no puede ser. Debes estar equivocado. No puede ser.
Miltran es el gran reino del terror en Syrup. Allí viven el rey y su ejército, y esta noche estarían además El conde de Jiran y su esposa.
-Clérigo, ¿puedes usar magia?
-La conciencia no es un arma, es una forma de vida.
-Sácame de aquí y te pagaré muy bien. ¡Lo juro!
El clérigo se puso en pie.
Aunque se lo notaba viejo y cansado se sentía su aura positiva.
El clérigo uso solo una palabra e inmediatamente traspasaron las rejas de la celda.
La verdad no le importaba si al clérigo lo fueran a matar allí o no.
Tal vez fue piedad, no sabía decirlo, pero en el momento en el que su carne atravesó la reja, tomó al Clérigo de su capa y lo hizo salir al pasillo. Por cierto, estaba todo muy sucio y olía mal allí abajo.
El Clérigo no se negó sino que impulso más magia para salir de aquel lugar.
-Clérigo, ¿Estás herido?
-No, soy un Clérigo de la materia evanescente. No necesito ver o tocar para saber que eso existe, y "Eso" existe porque la conciencia así lo desea.
Ishtar se sintió un poco afectado. Había matado a un mago evanescente una vez. Solo no quería pensar en aquello.
La oscuridad de la celda no le había permitido ver el contorno de los ojos. Llevaba un anti faz y su ropa, aunque algo sucia, era la de un Clérigo caído en las malas pasadas del tiempo. ¿Sería también un sicario?
El Clérigo sin mirar a nadie en particular dijo:
-Si vamos para la izquierda tenemos una puerta al final del camino, lo malo es que no se a dónde conduce, la he visto cuando me traían arrastrando hasta acá, para el otro lado hay dos guardias manipulantes de niebla roja.
-¿Niebla roja? –Se asombró Ishtar- Ya veo, Minotauros –Ishtar pensó un momento- Así que de esa manera fue que descubrieron mi disfraz ... Mmm, Prefiero la puerta.
-No siempre la salida más directa es la mejor –Dijo el Clérigo evanescente con una sonrisa- Necesitamos encontrar armas que estén en buen estado. Debe haber algún galpón en alguna de las instancias donde guarden, como trofeos, nuestras armas.
-Me caes bien Clérigo –Aduló el mercenario- ¿Cuál es tu nombre?
-Gerard, del puño de Odín.
El puño de Odín era una especie de cofradía donde estaban los mejores asesinos y mercenarios. En varias ocasiones Ishtar había querido entrar a esa cofradía, pero fue rechazado.
-¿El puño de Odín ?
-Sí, ¿has oído hablar de él?
-No, nunca –Mintió.
Un ruido, como de cascos, los sacó de sus divagaciones. Dos minotauros se acercaban.
La niebla roja empezó a levantarse cerca de ellos e Ishtar ya casi podía sentirlos. ¿Pero cómo los mataría sin armas? Decidió evadirlos.
Se agachó, mezclándose con la niebla. Miró para atrás y el Clérigo evanescente no estaba.
-Estoy detrás de ti, solo procura no hacer ruido –Dijo Gerard.
¡Que facilidad para esconderse!
Ishtar comenzó a gatear sin ver por donde estaban las piernas de los minotauros.
Esperó en silencio.
Por suerte para ambos, ninguno de los dos minotauros había sentido su presencia. La niebla se redujo y se puso en pie en silencio.
Escuchó y, al parecer, no se habían dado cuenta de que ellos estaban ahí.
Ishtar y Gerard caminaron cuesta arriba. Las celdas estaban vacías. No había nadie por allí.
El castillo de Miltran era un gran laberinto, pero aún así vio una breve ventaja en aquel lugar.
Si podía llegar hasta el conde de Jiran y terminar aquella misión, su vida finalmente habría tenido un objetivo final. Gerard le tocó el hombro y le señaló algo.
Era la puerta. Por fin. Y al abrirla...
Kait corrió desesperado en dirección al castillo de Miltran. Al parecer su pesadilla no estaba equivocada, otra vez estaba pasando.
Pasó, en su camino, por una armerías. Tal vez debía proveerse de algún tipo de arma.
Entró a la tienda.
No había nadie a la vista. Así que empezó a mirar dagas, espadas, mazas y algún que otro arco.
Se dio cuenta que había allí un timbre, así que lo tocó.
El timbre, que sonó con menos fuerza que la lluvia de afuera, atrajo a alguien.
Mientras esta persona aparecía, un arco en especial llamó su atención.
Era dorado, quizás fabricado con tecnología enana. Su carcaj también era raro. Tenía unas inscripciones que no pudo leer.
-¡Ah! Veo que te gusta el arco «Milenial». Es un gran arco.
Se había olvidado de la persona que había entrado. ¿Desde cuándo estaba ella allí? ¡Ah! Era cierto: ¡El timbre! Así que para eso era un timbre. Todos los días se aprende algo nuevo. La que había hablado era una joven de pelo platinado y vestido rojo que parecía ser más chica que él. Sus ojos azules hacían juego con su vestido rojo.
-¿Eres la dueña de este lugar?
-Algo así, veo que te atrajo el arco Milenal, pero su historia atrae más.
Kait no podía salir de la belleza de la chica, así que poco la escuchaba, era como si aún fuera parte de su sueño.
-¿Te interesa la historia de este arco y su Carcaj único?
-Sí, ¿Qué tiene de especial este arco y su carcaj?
-Verás. Fue una noche como la de hoy, hace dieciséis años, un hombre misterioso con una herida profunda golpeó las puertas. Pensando que era un viajero en apuros mis padres lo auxiliaron y el hombre les entregó este arco de cazador. El hombre, profugo de la justicia, le dijo que lo guardara bien hasta que viniera su heredero. Por eso no puedo venderlo. Además el arco no deja que nadie lo toque.
Kait estaba de pronto interesado. ¿Un arma con heredero?
Kait... Kait... Tómame... Te daré mi poder si me entregas tu alma...
¿El arco le hablaba? ¡Era para él!
-¿Qué haces? ¡Ey!
-El arco –Dijo- me llama, me reclama
Kait tocó el arma y esta brilló tan intensamente que la chica quedó cegada por un instante. Al momento siguiente Kait vestía el arco y el carcaj único. Pero, ¿Cómo hacía para disparar a varios objetivos con una sola flecha? y ahí fue que descubrió la magia del arma.
-La flecha de ese carcaj sigue saliendo una vez arrojada la primera. Lleva flechas que se auto recargan –Explicó la joven.
-¡Increíble!
-¿Quién eres? –Inquirió ella.
¿Quién era? ¿No se exponía demasiado al ir tan adentro de la ciudad? Ni modo.
- Mi nombre es Kait de Syrup.
-¿El famoso ladrón? ¡Guau! ¡Eres muy joven para ser un ladrón! ¡Soy tu principal admiradora!
Kait se sintió un poco incómodo. Así que tenía admiradoras. Era lo último que se le hubiese ocurrido.
-¿Ibas a «Puñal»?
-Sí, iba a buscar a un amigo –Contestó- ¿Cómo lo sabes?
-Pues, a decir verdad, con ese atuendo todo mojado y oscuro no tenías esperanzas de ir a otro lugar. Debo advertirte que es un lugar peligroso, podrías encontrarte con los Minotauros del rey.
-¿Minotauros? ¿No son los que se encuentran en Relien?
-Si, así es. Pero por alguna razón vinieron desde Relien y se han llevado a un tipo a las mazmorras del castillo. Creo que su nombre es Ishtar.
Kait sintió un nudo en el estómago. Ishtar capturado.
-¡Tengo que rescatarlo!
-¿Necesitas ayuda?
Kait se dio cuenta con quien estaba hablando un instante después .
-¡Tú! ¡Eres una leyenda!
-Reina roja, mucho gusto, vamos no hay tiempo que perder.
Y tan rápidos como el viento se dirigieron al castillo de Mitran.
-¡Ishtar espérame!
Fin del capítulo 1, libro 1, volumen 1.

Lo prometido es deuda. Este es el primer capítulo. 

En este capítulo vimos (Spoiler) al misterioso Kait de Syrup.

¿En qué me basé para la novela? Mitología nórdica basicamente (hay alguna que otra permitida) 1000 años después del Ragnarok. 
Para el que no sepa que es. Ragnarok significa "El destino de los dioses" y auguraba el final del mundo nórdico como los Aesires y Vanires lo conocían.
El mundo nórdico se basa en nueve mundo colocados en el árbol. En su base se encuentra Asgard, el mundo de los Aesir. El árbol se lo conoce como "El árbol de la vida" y también es conocido como Yggdrasil.
¿Signífica eso que Yggdrasil es igual al árbol de la vida? No exactamente. Pero yo tomo ese significado en mi libro.
¿Quién es kait de Syrup? ¿Cuál es la inspiración?
Kait es el personaje principal de este libro. Es complicado de explicar, pero básicamente es eso. 
La inspiración más cercana es El personaje Serge del vídeo juego Chrono cross de la desaparecida compañía japonesa Squaresoft. Fue el modelo inicial. Pero tuvo otros modelos. Por ejemplo, y para explicar eso está ésta sección, el super saiyajin 3 de Gotenks de el anime/manga Dragon ball de Akira toriyama. El pañuelo, en cambio, recuerdo perfectamente como nació. 
Ese día estaba jugando al Dragon quest IX, Centinels of starry Skies (Centinelas del firmamento, Curiosamente también dibujado por el anterior nombrado A. Toriyama)  y el primer ítem equípable por el personaje es un pañuelo rojo con diseños como los del libro propio. 
¿Entonces robaste varios personajes?
No. Solo el díseño en mi mente. Pero la historia, como verán a lo largo de los tres libros que la componen, es muy diferente. No solo es compleja y hay que seguirla muy atentos, sino que además, a nivel creativo, me exigió mucho esfuerzo.
Bien, eso es todo por ahora. Nos vemos el viernes 03/07/2020. 
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Cualquier cosa se comunican ahí conmigo o me siguen, o le dan likes a mis memes. Saludos y nos leemos más abajo.

¡Bienvenidos!

-¡Bienvenidos a mi Blog! Soy Lean, más conocido como Leandro R. R. Gómez. 
-¿De qué trata el Blog?
-Simple: Novelas, cuentos, relatos cortos y otras yerbas (Más conocido como etcétera) 
-¿Que tipos de novelas escribís?
-No me gusta encasillarme en un género: Policial, Sobrenatural, Fantasía épica, algo de comedia tal vez y otras yerbas (devuelta, etcétera). No esperen nada romántico, no es mi estilo.
-Bien, ¿Con qué empezarías?
-Empezaría con la trilogía de "Crónicas de Midgard" Volúmenes 1 y 2 (Tambien disponibles en formato pdf para que lo descargues gratuitamente) 
-¿Están registrados? 
-Sí, porsupuesto. Todo el material es registrado en la Dirección nacional de derecho de autor.
-¿Algún otro dato que nos quieras dar?
-No. Pero si quieren una buena opción para pasar la cuarentena del COVID-19, esto es una alternativa.
Eso es todo. Ojalá lo disfruten. Las novelas serán subidas por capítulos los viernes (Sin horario). Al finalizar la misma, subiré el PDF correspondiente con el libro completo para descargar, totalmente gratis. Soy Lean, y nos leemos más abajo.