Buenos días a todos! Gracias por su apoyo! He recibido muchos mensajes apoyando el proyecto, así que mil gracias. Nos leemos al final del capítulo, hete aquí:
Volumen 1 Libro 1.
Capitulo 2: ¡Una Liana y una Valquiria! ¡Enfrentamiento en la tumba de Mincar!
En la parte más lujosa del castillo de Miltran se estaba llevando a cabo una celebración. Una extraña y sobrenatural bruma roja se elevaba hacia el cielo como si
fuera un brillante escudo carmesí .
La niebla formaba una barrera infranqueable hacia las puertas del castillo.
La lluvia caía copiosamente sobre ellos dos. La reina roja y Kait debían entrar a como dé lugar.
Estaban envueltos en sus capas de viaje negras y armados mágicamente. El problema radicaba en como pasarían aquella inquebrantable defensa.
Los informes acerca de los Minotauros estaban poniendo nerviosa a la gente de Syrup y esa niebla roja no daba tranquilidad justamente.
- ¿Qué hacemos ahora Reina?
-Como alquimista tengo una habilidad única, los polvos evanescentes. Nos van a permitir entrar en las mazmorras y rescatar a tu amigo.
La reina sacó unos polvos que esparció sobre ellos y dos segundos después estaban en las mazmorras.
- ¿Pueden hacer eso los alquimistas? -Dijo Kait mientras la Reina roja lanzaba los polvos sobre ellos dos y aparecían en el calabozo.
-Así es, mi maestra me lo enseñó, los polvos evanescentes fueron usados por primera vez en... ¿Me estás escuchando? –Kait no le prestaba atención,
trataba de seguir los olores que provenían de los muertos. Entre ellos distinguió dos olores de dos vivos.
- ¡Se fueron por allá!
- ¿Fueron? –Inquirió la reina- ¿no era uno solo?
-Parece que alguien lo está ayudando –dijo Kait- ¿La pregunta es quién?
Caminaron por el laberintico complejo de mazmorras. El olor ocre a muerte era demasiado fuerte. Tuvieron que detenerse varias veces por las náuseas de Kait.
La reina roja caminaba como si explorara el lugar buscando algunas bayas secas.
-Parece que no es la primera vez que entras a un lugar así.
-¡Bah! Ni que fuera para tanto -Dijo la Reina- ¿Escuchaste?
-¿Qué cosa?
-¿No te parece extraño? Huele a muertos pero no hay nadie detrás de las rejas.
Kait entró en una celda que estaba abierta y se fijó. Obviamente la Reina tenía razón.
En la celda había olor a muerto pero no había ninguno de ellos. ¿Qué estaba pasando?
De repente un temblor lo sacó de sus cavilaciones. La reina entró en la celda y la cerró con unos polvos que llevaba en una bolsa de su cinturón.
-¡Silencio! –Le murmuró por lo bajo.
Kait aguardó con el corazón en la mano. Sentía que algo iba a pasar, algo terrible, y entonces como si alguien hubiese leído sus pensamientos, un ojo enorme
apareció en la reja. Sabían muy bien lo que era: Una Liana.
Las Lianas son una especie de víboras gigante que vive en los pantanos, supuestamente, al oeste de Relien. Pero lo importante en aquel momento era ¿que hacia allí?
-Una Liana ciega. Ahora entiendo porque el olor a muerte sin cadáveres –dijo en un susurro la reina.
Sacó de entre su pelo platinado una aguja y la lanzó hacia fuera de la celda.
Mirando mejor, no era una aguja: ¡Era un pelo de su cabeza!
El pelo golpeó contra una roca lejana y la Liana se alejó en esa dirección. La reina cruzó sus dedos y abrió la reja, rezandon para que la Liana no
los escuchase. Kait la siguió camino abajo. Las mazmorras parecían bajar, ¿Así que esta chica era la famosa reina roja? ¿Era de confiar? Mientras pensaba en esto llegaron a una sala grande.
-Vaya, Parece que he equivocado la salida.
-¿Qué es este lugar?
No hacía falta que ella se lo dijera. Era un Mausoleo. ¿Qué hacía un Mausoleo en aquella cripta sucia y polvorienta?
Las paredes estaban decoradas con nichos, los cuales seguramente tendrían un muerto dentro. Kait tenía miedo de que a la Liana se le ocurriera pasar por allí y así
se lo explicó a la Reina, a lo cual ella negó.
-¿Ves estos círculos con distintas formas en el suelo? –Preguntó ella.
Era verdad, había círculos de prohibición en el suelo aunque parecían inactivos.
-No, despreocúpate, están activos, lo sé –Dijo ella como leyendo su mente.
¿Era su impresión o la reina roja había esquivado su mirada? Acaso...
-¿Cuál es tu relación con este lugar? –Preguntó decidido Kait. La Reina seguía examinando los círculos y triángulos del piso ocultando
el rostro tras su mata de pelo platinado y largo.
-Estos dibujos ¿Qué tipo de alquimia son? Porqué si no estoy equivocado vos los tallaste, por eso te manejabas bien en las mazmorras. Incluso sabías como despistar
a la Liana. ¿Cuál es tu ganancia en acompañarme? –Ella bajó su mirada- ¡Mírame cuando te hablo!
-Sí, es verdad –Dijo finalmente- cuando aún era pequeña y mostraba dotes para la alquimia mi madre me trajo a este castillo construido sobre la tumba de Mincar,
clérigo de Nitsurg. Eso que ves en el medio es su tumba.
Kait observó fascinado la estructura. Era una bóveda grande cerrada y protegida por la estatua de una Valquiria.
-El rey de aquel momento me pidió que sellase un arma tan peligrosa como divina: La espada de la escarcha; y como soy una de las ultimas que sabe el código Valquiriano,
en fin, es lo que he tratado de obtener.
Kait pensó un momento en todo lo que le revelaba aquella chica. No entendía mucho de alquimia y alquimistas pero de algo estaba seguro: esos sellos en el suelo eran una
trampa para quien intentara abrir la bóveda que ocultaba a la espada.
-¿Por qué quieres la espada? –Se le ocurrió preguntar pero inmediatamente calló. Algo se movía impaciente en la entrada del mausoleo: La Liana
los había seguido. Se quejaba en un lamento de dolor ya que los círculos no permitían su entrada.
Una niebla roja empezó a cubrir el suelo e inmediatamente se dieron cuenta de su error. La Liana no había huido, había ido a buscar a los Minotauros. Venían
de las dos entradas. Su olor fétido y repugnante les estaba llenando los pulmones.
-¡Tenemos que huir! –Gritó Kait, pero la Reina estaba en trance. ¡Qué demonios!
Sacó una flecha y se la clavo a un hombre toro en el pecho provocandole una muerte instantanea.
Siguió disparando flechas a mansalva contra los Minotauros que caían uno tras otro.
En un rincón había uno de ellos vestido de Clérigo ¿qué hacía? Lo inquietaba sin dudas. No dejaba de rezar justo sobre uno de los círculos
de transmutación.
¡¿Sobre un circulo de transmutación?!
¡Estaba desactivando el resto de los círculos! ¡Maldito clérigo!
Una flecha salió despedida de las manos de Kait y se incrusto en la frente del Clérigo traspasando su cerebro de lado a lado.
-¡Es tarde intrusos! ¡Ahora morirán!
La niebla roja cubrió todo. Se oyó el sonido del arco y la flecha y un entre chocar de espadas, además del grito mudo de la Liana.
La niebla y los sonidos fueron apagándose de a poco. Una silueta se perfiló contra la pared. Al cabo de unos segundos, y mientras la niebla se disipaba, el perfil de la
reina roja fue apareciendo. Pero había alguien más. La imagen dejó mudo a Kait, aunque no así a la reina roja: La valquiria había bajado de su pedestal y los había ayudado. Kait no
entendía nada hasta que la Reina roja se explicó.
-Mientras el Clérigo de los Minotauros desactivaba los círculos de transmutación yo usaba lo que él desactivaba poniéndolo en la estatua, de esa forma
le di vida.
-¡Eres increíble!
-Por suerte para nosotros la activé a tiempo. La niebla roja no le afecta, y la Liana era pan comido.
Kait miró a su alrededor. La Liana se había empezado a evaporar, que es lo que hacen ellas cuando mueren, y los cadáveres de los Minotauros estaban bien muertos.
Algunos con flechas otros a espadazos. ¿Pero que usaba la Reina roja de arma? Miró esas pequeñas manos y vio lo que en ellas había eran un par de Katar manchadas de sangre.
Las Katar son armas propias de ladrones y asesinos experimentados, incluso él mismo tenía una de esas en su casa, sus puntas afiladas lo están incluso después
de cada muerte y absorben cualquier tipo de veneno que toquen.
Según lo que se decía, los enanos en las minas de Adberich fabricaban esas armas. Incluso se decía que los enanos que habían fabricado el Mjolnir, el martillo
de Thor, aún seguían vivos.
La Reina roja se acercó al lugar donde había estado la Valquiria y trató de empujar la bóveda.
Kait observaba a la Valquiria. Había escuchado historias de las guardianas del Valhala, diosas de la eternidad, pero nunca había visto a ninguna de ellas. Su apariencia
era hermosa e incorruptible.
Si aquella Valquiria hubiese sido humana tal vez hasta lo hubiera enamorado. Sin embargo, a pesar de su hermosura, era de una peligrosidad temible.
-¡Ey! ¡Ayúdame con esto quieres! –Le gritó la Reina roja- ¡Pesa mucho!
-¿Y dices que ahí dentro se encuentra la espada de la escarcha? No creo que sea tan fácil abrirla.
-No entiendo –Dijo ella dejando de esforzarse en vano- He roto todos los sellos del ataúd y no puedo abrirlo.
Kait limpio un poco el polvo de la tumba y leyó en voz alta:
"Para aquellos cuya codicia no abandonan la espada estará sellada. Solo la estela de..."
Paró de leer ya que el resto estaba ilegible.
-¿La estela de qué?
-No sé, no se llega a leer, parece erosionado por el tiempo.
Sin embargo, Kait había comprendido a que estela se refería: "Estela de dragón", Su cuchilla. Nunca había entendido desde que perdió la memoria
porque tenía aquella arma. Nunca había pasado de ser una cuchilla muy afilada. Jamás había pasado de mostrar siquiera un síntoma de magia. ¿Podría ser que estuviera destinada
a él?
Observó detenidamente a la Valquiria que se le había puesto detrás. Pensó por un momento que lo iba a atacar, pero, en cambio, lo corrió a un lado
y con paso rápido se subió a la tumba de Mincar clérigo de Nitsurg. Si estela de dragón encajaba allí, ¿Cómo fue que alguien se la dejó? ¿Por qué no recordaba
nada?
-Vaya, tenía información de que esto me podría resultar trabajoso, pero no tanto... ¿Por qué habrán borrado la continuación del texto?
Kait se decidió por fin.
-Toma.
-¿Qué es esto? ¿Un cuchillo?
-Lo encontré en mi casa cuando me desperté después de perder la memoria, es mi cuchilla preferida: "Estela de dragón".
La reina lo miró como sin creérselo. ¿Cómo pudo olvidar esa arma? ¡Era legendaria! ¿Acaso ese chico era parte de la leyenda?
La Reina lo miró disimulando un poco. Si era verdad que había perdido la memoria, sería mejor tomar la espada y salir de ahí cuanto antes. Pero se había
comprometido a ayudar a Ishtar y ella era mujer de palara.
-Reina ¿Cuál es tu verdadero nombre? –Preguntó Kait.
-Te lo diré si sobrevivimos. Dame a Estela de Dragón -Pidió.
Kait le entregó el cuchillo y ella lo observó detenidamente. Parecía una simple cuchilla.
-Debemos rezar antes.
-Sí.
En silencio elevaron sus plegarias a la conciencia mágica, pidiendo por el bien, la justicia y que esta los cuide.
Al finalizar, La Reina y Kait pusieron sus manos juntas en la Estela y penetraron justo en una ranura debajo de donde estaban aquellas palabras. Una luz brillante los dejó ciegos
durante unos segundos. Cuando volvieron a abrir los ojos la tumba estaba abierta, el esqueleto estaba allí, pero... ¿Y la espada?
La Valquiria los observaba atentamente. ¿La valquiria? ¡Por supuesto!
La Reina se acercó a la estatua que sostenía en sus manos aquella espada. Observó los cadáveres de los Minotauros. ¿Cómo una espada común
podía haber hecho eso? Había al menos veinte Minotauros y ellos, contando a la estatua, eran tres.
La Reina tomó la mano que sostenía la espada y con un movimiento suave la retiró. La estatua sonrió y se volvió polvo: habían obtenido la espada
de la escarcha.
La espada se descascaró y brilló con un tono frio y etéreo. Sin embargo, el mango calentaba. Primero fue tibio y luego subió sin control. Tuvo que soltar
la espada y dejarla caer.
-¿Qué pasó? –Inquirió preocupado Kait- ¿Estás bien?
-¡Es la espada de la escarcha! –Explicó la Reina- ¡Me quemó la mano! ¡Me rechazó!
¡Kait! ¡Tómame! ¡Tómame! Hazme parte de tu alma.
Kait miró para todos lados. Fue como cuando obtuvo el arco. ¿Acaso aquella arma tambien le pertenecía?
Observó la espada tirada en el suelo y la tomó. Un halo brillante contorneo la espada. No quemaba ni nada parecido. Era como una versión más poderosa de Estela
de dragón. Observó en el suelo, donde había estado el polvillo de la estatua, ahora había un cinto y una vaina. Los tomo y se los acomodó.
-¡Gracias Mincar!
La Reina lo observó asustada.
-¿Quién es este chico? –Pensó.
-Es mejor que encontremos a Ishtar, vamos.
La Reina se puso de pie.
-¡Espera! Dime una cosa antes de que sigamos. ¿Eres el hijo de Wikof? –Inquirió sin preámbulos la chica- Puedes tomar la espada de la escarcha de Mincar
y el arco mágico de aquel viajero. ¿Quién eres?
-¿Wikof? -Kait pareció sopesar aquella palabra como si fuese de un lenguaje perdido, su rostro se ensombreció- No recuerdo nada de mi pasado, ningún Wikof estaba
allí cuando yo lloraba -Le explicó- Cuando me despreciaban – Continuó y comenzó a caminar en sentido contrario al que habían venido- ¿Vienes?
La niebla roja cubría la sala. Ishtar y Gerard habían logrado colarse silenciosamente en la sala. Era el salón de armas. Allí estaban todas aquellas armas
que el rey de Miltran les quitaba a sus víctimas, pero por alguna razón estaban protegidas en el fondo de la sala por Minotauros.
Ishtar, que confiaba plenamente en Gerard y su ojo interior, se dejaba guiar como si él fuera el ciego y el otro el perro lazarillo.
-Toma esto –Gerard le extendió algo y enseguida se dio cuenta de lo que era: un arma- A la cuenta de tres te paras y apuñalas.
-Lo siento, no se contar –Dijo en tono burlón.
-Uno, Dos... ¡Tres!
Ambos se pusieron de pie y apuñalaron a las bestias justo en la garganta. Los Minotauros murieron en el momento sin saber que los había golpeado.
La niebla desapareció sin dejar rastro dejándolos al descubierto. Cada vez que veía a uno de aquellos seres ser controlados por alguien la rabia se encendía
dentro de Gerard. Se sentó en el medio de ambas víctimas y rezó por sus almas. Ishtar lo miraba sin hacer ningún tipo de comentario. Una vez terminado el ritual de las almas Gerard se puso en pie.
-Es hora de cazar al culpable de todo esto.
-¡Por fin estamos de acuerdo! –Dijo Ishtar en tono jovial- Seguramente el conde de Jiran debe estar enterado de esto y nos tenderá algún tipo de trampa.
-¿El conde de Jiran? No, esto es mucho más grande que ese conde de pacotilla, creo que se de quien se trata -Dijo Gerard misterioso- El ex Maestro de marionetas del puño
de Odín: Yuz.
-¿Dices que un solo hombre pudo hacer todo esto? –Preguntó Ishtar, que no conocía al tal Yuz- ¿Y la niebla roja? ¿También es obra de él?
-No, los Minotauros ya de por si utilizan esto como arma, pero no atacan humanos. Si esto llega a saberse en el reino, una guerra comenzará ¡Y todo por culpa de Yuz! ¡Debí
haberlo detenido cuando tuve la oportunidad!
-No soy quien para juzgar –dijo Ishtar y se encogió de hombros- Veamos que armas hay por aquí.
Se paseó por entre los cuchillos, de distintos tipos y tamaños, tomando algunos y guardándoselos en el revés de su capa de viaje.
Por último, tomo una ballesta muy parecida a la suya. Y no era lo único. Aquella joya que Kait había robado tambien estaba allí. En otras palabras, Kait había
salido a buscarlo y había dejado su ballesta allí. ¿Pero cómo? No quería ni pensarlo. Ya no podría mantener aquel voto a su amigo.
-Tranquilo. Puedo sentir la energía de ese chico -Dijo una voz de niño- Están en algún lugar en la tumba de Mincar.
-¡Yuz! –Gritó Gerard que reconoció la voz al instante, había tomado un báculo Evanescente de entre las armas, quizás hubiese tomado otras
armas, pero no las tenía a la vista- ¡Muéstrate!
Un niño apareció en la puerta. Llevaba una flauta en sus manos.
-¡Yuz!
-¿Acaso es un niño?
-No lo subestimes, el clan de Yuz –Los Maestros de las marionetas- han pertenecido desde siempre al puño de Odín, incluso antes del Ragnarok ya se los creía
lideres innatos –Aseguró Gerard- ¡Su poder es temible!
-Me conoces bien, ¿eh? –Se burló Yuz- ¡No me conoces en absoluto! ¡Y ahora se arrepentirán!
-¡Cubre tus Oídos Ishtar!
Yuz se llevó la flauta a la boca y empezó a entonar una música bonita. A Ishtar le pareció de lo más agradable. Lo calmaba. Lo sosegaba. Era como aquellas
drogas que usaba Kait para calmar los nervios antes de ir a dormir.
De pronto, todo se puso oscuro. ¿Qué pasaba allí? Ya no recordaba nada. Escuchaba un Grito de auxilio. Algo venía hacia él. ¿Un caballo? Él
lo estaba esperando. Tenía que galopar y llegar pronto. ¿Qué era eso que se veía a la distancia? ¿Fuego? Ahí hay alguien, preguntaré. El hombre que estaba allí me dijo que
hubo un sobreviviente de aquel incendio voraz en la ciudad y huyó con un bebé hacia la ciudad de Syrup. ¡Tal vez esté herido! ¡Debo encontrarlo! La lluvia no me deja ver. Allí está
la ciudad. Es mejor que me apure. ¡Vaya! ¡Las puertas de la ciudad están cerradas! ¿Qué habrá pasado? Dejaré el caballo aquí, espero lo entiendas centurión. Saltaré
la puerta, no veo ningún guardia. ¿Dónde estarán? Luego de caminar por la ciudad distinguí a un hombre herido y a su bebé. Están siendo perseguidos como viles ladrones. ¡No
lo permitiré! Me metí en la disputa y le pregunté porque lo perseguían. Había perdido mucha sangre. "Proteja a mi hijo, dele de comer esto cuando cumpla los quince años"
Y me dio una fruta algo extraña, parecida a una manzana. ¿Cómo es su nombre...? "WIKOF" me contestó y murió.
Corrí por la ciudad y llegué a un Ombú-Manzanero. Allí críe a quien le pusiera Kait de nombre y le enseñe miles de trampas y secretos. Le prohibí
tocar aquella extraña fruta temiendo que fuera algo venenoso. ¡Pero que idiota! ¡Qué padre le daría algo venenoso a su hijo! Y a los quince años, con un dolor en el corazón, ¿Corazón?
¿Qué es esa punzada de dolor? Todo se aclaraba en mi mente. ¡La flauta de Yuz! Desperté y estaba echado en el suelo. Noté un sabor a metalico en mi boca. Era sangre. Quise moverme, pero alguien
puso una mano sobre mí.
-No te muevas, ya lo derroté, pero sufriste una herida -era Gerard el que me hablaba- Es grave y no tengo forma de curarte. No acá y no puedo transportarte.
-Kait... búscalo... tráelo... el podrá -fue lo único que llegó a articular antes de caer desmayado por la pérdida de sangre.
En la fiesta había mucha gente disfrutando de la buena música y compañía mutua. Todos ellos parecían contentos. ¿Cómo no estarlo? Eran
la «Clase alta» ¿Quién podría interferir en sus planes? ¿Un ladrón pobre? ¿Un clérigo abandonado a su suerte? ¿Una chica a la que consideraban una buena chica en
la iglesia? ¿O Ishtar? Ese mercenario que casi mata al conde de Jiran una vez.
Solo había una persona en total desacuerdo con los planes de su padre. Ella es muy culta y buena, cosas que sus padres de Jiran odian. No la odian a ella sino a su forma de ser.
Sabía de todo un poco y su rostro era parecido al de una Valquiria joven, aunque a su parecer nunca habían sido vistas Valquirias envejecidas. Su nombre pasó a ser
parte de la leyenda en el momento que cumplió dieciséis años de vida.
Aquel día se estaba celebrando su cumpleaños, era una fiesta con muchos invitados, pero ella prefería ignorarlos. Estaba, literalmente, aburrida de esa vida. Sus
padres no entendían por qué: tenían dinero, tenían toda la fama que querían, incluso amaban a su hija. ¿Por qué no era feliz?
-Lucca –Así se llamaba la hija del conde de Jiran- ¿Me das el honor de esta pieza?
Quien le hablaba era su prometido Isnash, un joven de pelo negro y peinado ridículo. Aunque decían que era bueno en el arte de la esgrima, pero nunca nadie se había
atrevido a contradecirlo.
Lucca vestía algo poco común en alguien de su alcurnia, pero era «normal» para todos aquellos seres repugnantes. Estaba vestida con un vestido color negro ajustado
al cuerpo en la parte del busto y más suelto de las caderas. Calzaba unos zapatos de plataformas, que la hacían verse más alta, y su peinado eran dos coletas a los costados de su cabeza en el pelo negro.
Inclusive sus labios y sus ojos (negros) estaban pintados de aquel color. Al verla de lejos cualquiera diría que era una sombra que se había escapado de una Valquiria, porque a pesar de todo aquello le quedaba
tan bien que parecía ser así: Una Valquiria oscura y sentimental.
Isnash, en cambio, parecía todo lo contrario. Llevaba como peinado un copete negro abundante. Lucía unos brillantes zapatos de piel de cocodrilo e iba vestido con una armadura
de gala.
Estaban en aquel momento en el atrio del rey. Cinco tronos. El rey y la reina de Miltran, El conde y la condesa de Jiran y su hija Lucca.
El rey, un hombre de expresión adusta y brava, le sonrió a Lucca. Por supuesto, Isnash era su hijo, su único hijo varón.
Lucca largó el libro que había estado leyendo y con mal carácter salió a la pista de baile del salón. Su padre y el rey se sonrieron.
El rey, el cual estaba vestido con un frac grueso pero elegante estaba contento con su hijo.
Isnash era un príncipe tímido, siempre había temido a las mujeres. Pero desde que Yuz lo había manipulado como una marioneta se sentía mucho mejor.
Yuz y él eran como sangre y uña. En una ocasión, hacía un tiempo, Yuz le había enseñado a usar la flauta. La melodía era tan encantadora como el cantar de los pájaros
en primavera. Le hacía acordar al césped tibio bajo los grandes árboles de su mundo.
Sin embargo, Yuz, el Maestro de las marionetas, no estaba en la fiesta. ¿Qué le habría pasado?
Lucca sintió como que Isnash no estaba allí, con ella, no en aquel momento. Observó a su padre hablando con el rey.
¡Hipócrita! Lo maldijo por lo bajo. ¿Qué esperaban de ella? Era apenas una niña. Esa noche cumpliría dieciséis años. ¿Esperaban
que se casara, así como así? ¡Ilógico! Pero la ley en Midgard era que las jóvenes aspirantes a condesas, o cualquier otro título de terrateniente, se casasen con el joven más
guapo. Por supuesto Isnash no era de ellos.
De pronto la música terminó. Los caballeros y las damas se saludaron respetuosamente.
Isnash le extendió una mano a Lucca y subió hacia donde estaban sus padres. Muy pronto se haría el anuncio de quien fuera su esposo mediante aquel matrimonio arreglado.
Isnash miró a la joven que estaba a su lado. Lucca no solo parecía una Valquiria, sino que hasta se parecía a las antiguas estatuas que había de Freya.
Freya era una de las diosas Vanir protectoras del templo donde iban las almas de los muertos: el Valhala; sin embargo, sus ropas negras, al igual que el maquillaje de su rostro, eran
parte de su personalidad fuerte y decidida.
El rey se levantó de su asiento y todos hicieron silencio. Los dos jóvenes permanecieron de pie.
-En una hora se llevara a cabo la bendición para el matrimonio de estos jóvenes. Cuando Mani (La luna) esté en su apogeo, estos dos jóvenes serán mi
más grande orgullo. Eso es todo lo que quería decir. ¡Que siga el baile!
La música comenzó a sonar. Todos volvieron a la pista de baile.
La música sonaba primero lenta y después tranquila. Tanto que llenaba el castillo con una armonía increíble.
Pero Isnash y Lucca no volvieron a la pista. Isnash necesitaba hablar con su prometida. La tomó de la mano y la llevó al balcón real. Primero se hizo el silencio
mientras miraba el horizonte. La lluvia seguía cayendo, pero no se iban a mojar porque había un toldo enorme sobre ellos que detenía el flujo de agua sobre sus cabezas.
Lucca se preguntó fastidiada por qué la habría llevado allí. Dentro de una hora sería su esposa y eso no podía impedírselo. No iba a
contradecir a su padre. No era que les tuviese miedo, pero eran quienes la habían criado he incluso dado la vida.
Y entonces paso algo que no esperaba. De hecho, nadie lo esperaba.
-¡Vete! –Dijo Isnash en voz baja, Lucca se quedó paralizada- ¡No conoces lo que viene! Serán tiempos oscuros –Siguió él mientras observaba
la lluvia caer copiosamente sobre el suelo debajo de ellos.
No se atrevía a darse vuelta. Si la miraba ella no iba a entender. Espero unos minutos hasta que ella habló.
-¿Por qué Isnash?
-¡Porque te amo demasiado como para obligarte a estar conmigo! Y lo que se aproxima...
Hizo silencio. Escuchó las pisadas alejándose y se dio la vuelta. Sus lágrimas rodeaban su rostro. Se las enjugó en su manga y decidió volver sobre
sus pasos sabiendo lo que se aproximaba.
¡Por su princesa, su vida! «Errante, te la confío»
¿Leyeron? ¿Les gustó? Espero que sí. En fin, Cuestión, el personaje que hoy nos evoca es Ishtar el mercenario. Tiene una obsesión por matar al conde de Jiran, y es el padre titular de Kait.
Bien, ¿pero como nació el personaje? un buen día estaba charlando (Platicando) con mi tío, un tipo muy instruido en materia de D&D, y me contó sobre su personaje en ese juego. Un mercenario errante que buscaba venganza. Se me ocurrió pensar el asunto, ¿Quedaba bien el personaje con la propia historia? La respuesta es sí. Es un personaje al que le tengo mucho aprecio. Entonces pensé en el diseño. ¿Cómo se veía en mi mente?
Recuerdo, en ese momento, estar viendo "Harry Potter y el prisionero de Azkabán" (Derechos reservados a la autora) y la actuación impecable de Gary Oldman como Sirius Black (Derechos reservados a la autora) Pensé: "Es justo la forma en la que veo a Ishtar. Demacrado, consumido por la venganza y algo irónico". Finalmente me decanté por esa imagen. Ishtar no es muy diferente de Sirius Black, en su diseño, pero sí en su escencia. A través de la historia se va desarrollando mucho mejor, incluso un lado desconocido del personaje, su ego y su proyección de venganza. No os voy a revelar mucho, pero es un personaje importante,
Por otro lado, otro elemento que aparece nombrado es "El mate" y "La Yerba", ambos elementos propios de mi patria y algunos lugares más como Uruguay, Paraguay, Chile y el sur de Brasil, entre otros. Explico para el que no conoce: El mate es un cuenco, generalmente de madera (Aunque hay de otros tipos), donde se vierte la Yerba, una hierba que da el sabor amargo (en principo) al Mate. Mate tambien se la conoce asi a la infusión.
Al mate, una vez preparado, se le agrega agua caliente, no hirviendo ni hervida, y anterior a eso se lo endulza (si se quiere) con azúcares, edulcorantes, miel o amargo. Por supuesto existen variaciones, como el mate de leche, qu en vez de agua caliente lleva leche hervida. Incluso algunos le suelen poner café, tilo, boldo, manzanilla, cáscaras de naranja o limón secas y muchas variaciones más.
La frase "Pasáme un amargo", la van a ver mucho en mi libro, especialmente en el volumen 2, y se refiere a compartir el mate.
El mate se puede tomar solo o acompañado. Se va pasando en ronda generalmente. Y algo importante, nunca decir gracias al pasar el mate. La palabra genera automáticamente la idea de que ya queres salir de la ronda. Por más que hayas tomado solo uno.
El mate cocido, es una variación del mate, como si fuera un té. Se toma y endulza como un té. Incluso se lo puede mezclar con leche, como el té. Acá en Argentina viene en saquitos individuales. Lo ponés en la taza, agua hirviendo, endulzante y listo. Como el té.
Por supuesto, la variación del libro no es nórdica y ni se acerca. Capaz los nórdicos tomaban mate, no lo sé, pero me gustó el toque familiar que le dio a la historia.
Con eso terminamos por hoy, espero hayan disfrutado esto y nos vemos en otra entrega el... 10/7/2020.
Dejo mis redes nuevamente, pueden seguirme, putearme o darme su opinion:
Canal de Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCMs_HAsEO5dsvXUgw_RD8Cw
Un abrazo y nos leemos en proximas entregas.
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